En el imperioso mundo de la moda, prima un desmedido encanto
por lo bello. En ese mundo de fantasía, donde ya no se vende ropa sino un
estilo de vida, se acentúan nombres de marcas con empodero, que destellan sus seudónimos
con hilos fulgurantes.
Tras las imágenes de los medios, se ven las masas anhelantes
de consumir las realidades vanas de aquellas fotografías tan fascinantes. En
este mundo tan mundano, tan humano e inhumano, tan simple y opulento, tan pequeño y a la vez
tan grande, convivimos en una dimensión de disímiles realidades.
Mientras unos irguen con jactancia la majestuosidad de su vestimenta
otros se atavían con carencia. Hay gente cuyo vestir es enjuiciado por la
vanidad, mientras otros gimen de sofrió, de ardor y de pena. El equilibrio está
en la simpleza de la vida, en la grandeza de nuestros corazones y en la
humanidad que concede el respeto con el que debemos relacionarnos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario