En la sociedad moderna, sobre todo en
las generaciones más jóvenes, se especula que la apariencia no tiene tanta
importancia; aunque el creciente e incesante mercado de la industria de la moda,
indique lo contrario.
Los jóvenes son el eje del mercado
actual, por esto las campañas publicitarias están direccionadas a estos compradores,
que anhelan temporada tras temporada, vestir lo más novedoso que se ofrece en
el mercado y pertenecer a uno de los estilos
de vida que interpretan los supuestos ideales de vida, en los medios de comunicación.
Debido a que los jóvenes están en la búsqueda
y formación de su identidad, son más susceptibles a las disímiles ideas que
vagan por los dominios mundanos, de la moda. Por esto son los primeros en lucir
las tendencias más extravagantes y fuera de lo ordinario.
El poderío de la moda no solo
influencia a los más jóvenes, su influencia le da la vuelta al mundo y no discrimina.
El excesivo consumo de indumentaria, es solo parte del reflejo de la fuerte
influencia que ejerce la moda sobre los hombres hoy en día. Además de la
cantidad, llama la atención la diversidad de tendencias y las alusiones que se
auto-implican. La moda se describe a sí misma a través de conceptos, adjetivos
que reflejan los deseos y valores de la sociedad. Anhelos de mujeres y hombres
que persiguen una idea de lo que quieren ser, de una supuesta felicidad que cierta
identidad les dará y de un estilo de vida que llenara sus expectativas con
plenitud. Los mismos buscan a través del
consumo de marcas, de estilos y estéticas pertenecer a un grupo determinado por
características específicas con las que creen alcanzar su éxito personal.
Aunque la apariencia no habla, si
expresa. Es por esto que hay una ciencia que estudia los signos de la
vestimenta, ya que estos indican rasgos culturales; particularidades de una
sociedad o un grupo social especifico. Así como un cielo gris indica lluvia, la
apariencia de una persona también es un indicador de su “yo” y de sus aspiraciones. La impresión de la vestimenta es tan potente,
que dilucida un roll muy importante en la vida cotidiana del ser humano, convirtiéndose
en un ritual, una costumbre que se
practica a diario. “¿Qué me pongo?, ¿Cómo me quiero ver?, ¿Qué tal me queda?”.
El ritual de la vestimenta no solo se trata de uno mismo, sobretodo se trata de la relación del yo con los demás.
A través de la vestimenta se crea una imagen de lo que el yo quiere ser, del yo
proyectado, de lo que busca ser, del puesto que quiere ocupar en la sociedad, de
cómo quiere que lo vean los otros. Es por esto que se viste de cierto modo,
elige cuidadosamente sus prendas, incluso al no querer pretender tener un
puesto en la sociedad, elige prendas que lo identifiquen con esa idea.
La indumentaria se ha apartado de su propósito,
que es la protección; y se ha enfatizado en la mera apariencia y en las relaciones
de poder que la misma ejerce en la sociedad. La vestimenta es una necesidad, también
posee características visuales de forma, proporción, silueta, historia, genero,
entre muchas otras, pero no debería de ocupar un valor tan importante ni tener
la capacidad de proyectar por sí misma, significados y valores morales o éticos.
La palabra tendencia, indica que hay una
propensión o inclinación, es decir, que las alusiones que se perciben de
ciertas modas tienen más valor que otras. Por lo tanto, algunos significados con
los que se expresa la moda, reflejan más al hombre actual y por lo tanto son de
mayor consumo.
La moda genera una antítesis, por un
lado permite identificar los valores a los que una sociedad tiende, y por otro,
permite anular la verdadera identidad creando una falsa apariencia a través de los significados que la moda se
otorga a si misa. Es decir, que la ropa no da éxito, pero puede reflejarlo; la
ropa no te hace indecorosa, pero puede expresarlo.